Boric no aprueba en educación y la complicidad del Colegio de Profesores

Boric no aprueba en educación y la complicidad del Colegio de Profesores

Se acaba el gobierno de Boric y es necesario mirar a modo de balance su gestión. Hoy por los medios se intenta presentar la idea de los avances del gobierno conducido por las autodenominadas “fuerzas progresistas”, tanto en las cifras económicas como sociales.

Sus ministros exponen como avances la gobernabilidad social, el control de la inflación, el crecimiento económico y el aumento de la tasa de ocupación, mientras que la oposición plantea la idea del estancamiento de la inversión extranjera y nacional y las pobres cifras asociadas a la productividad empresarial, supuestamente por la ley de 40 horas y el aumento del sueldo mínimo. Todas estas cifras pierden sentido cuando miramos cómo vive, trabaja y estudia nuestro Pueblo.

Aprovechándose de la energía del estallido social del 2019, la deslegitimidad hacia el sistema político, en ese momento encarnado en la figura de Piñera, y la agitación de una posible llegada del “fascismo pinochetista” a gobernar, las llamadas “fuerzas progresistas” presentaron de candidato a Gabriel Boric, que si bien no prometió cambios radicales a este desigual e injusto modelo, ofreció a la sociedad chilena una serie de políticas sociales que lograron encantarla, dándole su voto para triunfar frente a J.A. Kast.

A grandes rasgos el programa de Boric prometió una agenda democratizadora, ambientalista y de justicia social. En educación, estos principios los tradujo en la idea de condonar las deudas universitarias tanto para estudiantes como para instituciones con la banca privada, reparar la deuda histórica a los profesores afectados en los traspasos educativos del Estado a las corporaciones municipales en dictadura, mejorar las condiciones laborales de los profesores revisando las horas no lectivas. Para el sistema escolar propuso la idea de sala cuna universal, mejorar los niveles de asistencia escolar, perfeccionar los Servicios Locales de Educación Pública y apoyar a los establecimientos con programas de salud mental, convivencia escolar y lectoescritura en educación inicial y básica.

Transcurridos los cuatro años de gobierno, la situación nos confirma lo que dijimos cuando argumentamos nuestra apuesta por no votar, pues un gobierno que nació de la corrupción, acomodos y engaños de la llamada Concertación, no podía ofrecer justicia, igualdad y dignidad para los distintos ámbitos de la sociedad.

Las falsas promesas en educación

Las políticas ejecutadas estos últimos cuatro años trataron de corregir algunas crisis generadas por las reformas del segundo mandato de Michelle Bachelet: Ley de inclusión, desmunicipalización y carrera docente. Muchas de estas correcciones quedaron en ideas, pues tampoco se alcanzaron a ejecutar y serán postergadas para el siguiente gobierno.

Si tuviésemos que evaluar al gobierno diríamos que no cuenta con las condiciones para ser promovido, que faltó al valor de la honestidad, ofreciendo falsas promesas.

En lo que respecta a educación escolar, una de las medidas fue implementar el Plan de Reactivación Educativa (que abordaba temas como salud mental, convivencia escolar y lectoescritura), esta implementación fue muy focalizada, es decir, la cobertura que alcanzó fue baja, impactando a un mínimo porcentaje de alumnos. Desde la contraloría esto se argumentó a través de un informe emanado el 2025, que detalla estos elementos además de acusar una inflación de cifras que no muestran coherencia entre los presupuestos y los gastos desplegados. La consecuencia concreta fue el limitado apoyo a estudiantes con problemas gravísimos de asistencia y aprendizaje, así como a la atención y continuidad de estudiantes en los programa PIE. Otra medida fallida fue el intento de aprobar el proyecto de sala cuna universal, a pesar de las correcciones a favor de los empleadores (copago cero para empresarios y prevención de judicializaciones).

El gobierno no cumplió con lo prometido en educación superior, es decir, la promesa de acabar con el endeudamiento de las universidades con la banca quedó en nada. Boric siempre supo que no podía hacer grandes cambios, por lo que su único intento fue normalizar el sistema educativo en su conjunto para que el mercado pueda funcionar sin sobresaltos. En ese contexto, lo único que pudo hacer con las universidades fue intentar corregir su déficit financiero, levantando el proyecto del nuevo financiamiento de la educación superior (FES), el que tampoco llegó a buen puerto y quedó relegado a discutirse en el siguiente gobierno.

En cuanto al profesorado, durante el actual gobierno no hubo solución alguna en lo que respecta a nuestras condiciones de trabajo y salariales. Si bien lograron conseguir que tres iniciativas se aprobaran (fin a la doble evaluación, pago de la Deuda Histórica y Ley de Titularidad docente), creemos que tales ajustes solo develan que los profesores quedamos explícitamente abandonados, pues los grandes problemas del sistema escolar que nos impactan directamente en el aula (por ejemplo, descenso de aprendizajes y agudización de la violencia escolar) no fueron tomados en cuenta por el MINEDUC. Es decir, estos “cambios” no movieron la aguja de la actual situación de precariedad laboral y desvalorización social que vivimos hoy.

El Gobierno por los medios plantea el éxito de sus grandes medidas. Sin embargo, la supuesta reparación de la Deuda Histórica, resultó ser uno de los engaños más grandes hacia los profesores, ya que, tal como denunciamos en su momento, se les pagó con migajas y se les obligó a desistir de demandas internacionales. Finalmente el pago de casi 100 millones por profesor, quedó en un pago en dos cuotas de aproximadamente 2 millones cada una, en un trágico plazo de seis años.

La contención del movimiento docente

A modo de conclusión, una de las aristas del abandono educativo se expresa en el acuerdo explícito de moderar y no levantar conflictos en el sector docente. Esta tarea fue posible gracias a la complicidad política entre la dirigencia del Colegio de Profesores, encabezada por Mario Aguilar, y la cartera de educación dirigida por el ex asesor del Colegio de Profesores, Nicolás Cataldo. Esto determinó la agenda del colegio de profesores durante estos 4 años, quienes intentaron funcionar como eco de las políticas del gobierno, avalándolas y no presentando una crítica profunda que movilizara y elevara los conflictos.

Esta es la causa política de que temas tan importantes como el fracaso de la JEC, el negocio de la carrera docente, la crisis de la seguridad escolar, la fracasada Nueva Educación Pública y la inestabilidad laboral, estuvieran desplazados del debate público. Lo más probable es que algunos de estos sean utilizados como parte de su política de oposición al gobierno de J. A. Kast.

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