Congreso de Pueblo Docente
Hace ya catorce años, en Valparaíso, empezó a rondar por la cabeza de algunos profesores que recién comenzaban a ejercer la idea de bajo qué referente podría materializarse el eterno anhelo de aportar a la recomposición y el fortalecimiento de la fuerza de las y los docentes en todo el país.
Es así como, después de varios intentos fallidos, de muchos ensayos y errores, de muchas caminatas tocando puertas en escuelas y liceos públicos de la región de Valparaíso y de la Región Metropolitana, de registrar nombres, números de celular y correos electrónicos en libretas, de crear rifas de autofinanciamiento, pero sobre todo de mucha regularidad, compromiso irrestricto y una incomprensible tozudez para enfrentar lo adverso, nació y se consolidó Pueblo Docente.
Nuestro nombre no fue el fruto de una frase cliché ni de una consigna de moda. No: fue producto de una reflexión fundada en el origen identitario y la tradición de lucha de nuestro gremio. Porque es cierto que la extracción de clase del profesorado proviene, en su mayoría, de la raíz del mundo popular. Muchos profes son hijos de profes. Muchos profesores son los primeros profesionales de la familia, de familias del pueblo, de mucho esfuerzo y ganas de salir adelante dignamente. Y luego ocurre que ese mismo profesional, por lo general formado en universidades también de extracción popular, en Santiago o en regiones, privadas o estatales, se ve, en su ejercicio en la escuela, cara a cara con el mismo pueblo del cual emergió: sus estudiantes.
Es justamente eso lo que, concluimos, marca la diferencia entre cualquier otro profesional y ser profesor o profesora. Porque, a pesar de que «ya no abundan las manzanas en nuestros pupitres», algo sigue sobreviviendo en el perfil del gremio que demuestra que aún vale la pena dedicar tiempo y energías a apostar por su reconstrucción como fuerza política.
Esta identidad particular se manifiesta cada cierto tiempo en la alegría de sus coloridas y bulliciosas marchas, al calor de alguna demanda coyuntural de turno. Pero también se manifiesta en el empeño y la dedicación puestos en la labor del aula, muchas veces materializados en horas de trabajo extra en el hogar, con el consiguiente descuido de la familia y de la vida personal. Expresa, a la vez, el particular espíritu vocacional del gremio docente, pero también el origen de la precarización de sus condiciones de trabajo, es decir, de su explotación como trabajadores, disfrazada bajo lo que el sistema y la sociedad han avalado por años: la mal llamada «vocación abnegada».
Así, desde la convicción de que es posible volver a posicionar el rol y el protagonismo del profesorado en la sociedad, nos volcamos a la tarea de construir este referente. La cuestión prioritaria fue cómo crear una propuesta diferenciadora y atractiva para irrumpir en el desgastado y alicaído movimiento docente, golpeado por varias derrotas seguidas, desarticulado y seccionado en realidades muy heterogéneas, como la distancia existente entre el mundo municipalizado, el subvencionado y el particular; un movimiento diverso generacionalmente y cada vez más permeado y capturado ideológicamente por el modelo neoliberal y sus luces de un porvenir mejor mediante el estilo de vida aspiracional.
La respuesta a esta reflexión fue, por un lado, la elaboración y el desarrollo de nuestra propia corriente de ideas; es decir, nutrir a Pueblo Docente de un pensamiento pedagógico, contestatario y rebelde que nos diferenciara de las consignas romantizadas y desgastadas del gremio, cada vez más ajenas a la realidad y la experiencia cotidiana del profesorado. En esa misma línea, definimos que nunca fue una opción dejar de ser rigurosos en el estudio, la discusión, el análisis y la pulcritud en la redacción de nuestras ideas; más bien, esto se volvió una condición sine qua non para cada integrante de Pueblo Docente, cuidando de hacerlo sin caer en el seductor academicismo ni, menos aún, en el vicio de describir la realidad del profesorado desde la comodidad del balcón. En la práctica, la revista Pueblo Docente y el abundante contenido de nuestra página web son el fruto de este arduo trabajo de síntesis reflexiva.
Pero Pueblo Docente no sería solo la materialización de una trinchera alternativa de ideas. Para dar vida a la tarea de crecer y visibilizarnos al interior del gremio, nos propusimos innovar en cada idea posible de concretar que nos permitiera acercarnos a lo que definimos como el espacio fundamental para iniciar la recomposición del gremio: la sala de profesores. Para golpear puertas, tener contactos y llegar con nuestra voz a nuevos colegas nacieron los talleres de portafolio, de normalización en el aula y de formación laboral y sindical, los encuentros con estudiantes de pedagogía, las actividades de autogestión, la fiesta del Día del Profe, el podcast, entre otras tantas actividades que, poco a poco, nos permitieron ir creando vínculos nuevos y significativos.
Después de este largo camino de trabajo y compromiso, llegamos a la conclusión de que era necesario dar un paso adelante para tener la fuerza y la musculatura necesarias para transformar a Pueblo Docente en una alternativa política real para las y los profesores de Chile. ¿Y qué mejor forma de hacerlo que abriendo más ampliamente el espacio a todos aquellos colegas que, en medio de un escenario cada vez más incierto y de estancamiento gremial, deseen acompañarnos en este empeño de genuinas aspiraciones de dignidad y lucha?
Si bien la idea de este congreso la decidimos hace más de un año, que hoy estemos aquí no es fruto de la casualidad ni de la simple cuadratura en la hoja del calendario. Es, más bien, la consecuencia de un camino sólidamente pavimentado desde el año pasado, fruto de las discusiones y síntesis desarrolladas en nuestros consejos docentes —algunos de ellos realizados en este mismo lugar— y de la publicación de nuestro libro, con su consiguiente lanzamiento en abril de este año. Pero, fundamentalmente, lo es de la convicción de estar preparados para dar un salto en nuestro posicionamiento en todo el país, pues Pueblo Docente ya no puede permitirse más tiempo de estancamiento e inacción.
Estimados colegas, compañeros y compañeras: En medio de un escenario marcado por la consolidación del modelo neoliberal, perfeccionado y maquillado por los diferentes gobiernos de turno de los últimos treinta años; por la desarticulación de las organizaciones de base; por la dispersión ideológica existente en la izquierda; por el avance de un progresismo funcional y cómplice de la perpetuación del modelo de dominación; y por la presencia de la derecha conservadora en el poder y el sentimiento de derrota, nuestro llamado es a aprovechar esta instancia como una oportunidad para comenzar a construir la fuerza docente que necesitamos para ponernos de pie y caminar juntos. No lo hacemos pensando en el mezquino cálculo electoral de cada cuatro años, sino para conquistar los sueños de justicia que provienen de una consigna tan clara y vigente como la convicción de que «debemos cambiar todo lo que deba ser cambiado».

Equipo Coordinador

Debates sobre formación inicial y nuevo modelo de formación de profesores











